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La célula

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Es la unidad mínima morfológica y funcional de cualquier ser vivo que trabaja de manera autónoma y se divide en dos grandes grupos, las procariotas y las eucariotas.

 

Todos los procesos se originan, se desarrollan y se especializan en la célula y son diferentes, dependiendo de la función que realicen. Las células se forman a partir de otra existente y adquieren la capacidad de realizar las mismas funciones que las células de origen. Para realizar su trabajo tiene en su interior componentes esenciales que son sustancias químicas y enzimas que reaccionan para proveerla de energía. Además, posee material genético que contiene la información necesaria para producir componentes celulares y para la duplicación celular. De acuerdo a su estructura, tamaño y funcionalidad, se pueden dividir en procariotas y eucariotas.

 

Células procariotas

 

Están formadas por pared celular, membrana celular, citoplasma, ácido desoxirribonucleico (ADN), ribosomas y algunas estructuras como cilios o flagelos que le permiten moverse y son los seres vivos más pequeños que existen. Un ejemplo de ellas son las bacterias que viven en el aire, el suelo o el agua, entre otros. Se encuentran en todas partes, incluso en nuestro cuerpo.

 

Estructura de una célula procariota

 

¿Sabías?

 

- Existen aproximadamente 600 millones de bacterias dentro y sobre el cuerpo humano. En la boca puede haber 25 especies diferentes.

- Un mililitro de saliva puede contener hasta 40 millones de células bacterianas.

- La piel de la axila puede albergar hasta 800 bacterias por milímetro cuadrado.

 

El ácido desoxirribonucleico (ADN) es una molécula de gran tamaño que guarda y transmite, de generación en generación, toda la información necesaria para el desarrollo de todas las funciones del organismo.

 

Células eucariotas

 

Son más evolucionadas que las procariotas porque tienen su material genético envuelto en una membrana, llamada núcleo. Las células eucariotas pueden ser animales y vegetales y, entre ellas, hay diferencias. Por ejemplo en la célula vegetal hay algunas organelas que no se encuentran en la célula animal - los cloroplastos, las vacuolas y la pared celular -. El resto de organelas se encuentran tanto en la célula animal como vegetal.

 

 

Una perfecta organización

 

Células de la sangre

 

Aunque sean muy pequeñas, las células tienen una estructura bien organizada. Todas poseen protoplasma, que es el citoplasma más el núcleo celular. El citoplasma, que comprende todo el volumen de la célula -salvo el núcleo-, es el medio donde se producen los cambios químicos y las reacciones metabólicas de la célula. Está compuesto por una solución acuosa denominada citosol, que engloba una gran cantidad de estructuras especializadas y organelos celulares. El organelo más importante es el núcleo, que está formado por una doble membrana. En su interior está el nucléolo (interviene en la formación de las subunidades ribosómicas) y el material genético. Además, el núcleo, para comunicarse con el citoplasma, cuenta con aperturas existentes en la pared de su membrana, conocidas como poros nucleares.

 

Endotelio. Capa fina de células que recubre arterias y venas, controlando el transporte de materiales hacia y desde el flujo sanguíneo, unidas por proteínas que funcionan como cuerdas (rojo) y como cemento (azul)

 

El tamaño, forma y función

 

La mayoría de las células que forman parte de un ser vivo tienen un tamaño muy pequeño que varía de entre 4 y 60 micras de diámetro (1 micra equivale a la milésima parte de un milímetro). Algunos grupos animales poseen células de mayor tamaño que otros. En cuanto a la forma, esta puede ser muy diversa. Así es como tenemos células planas (en la piel, esófago), cúbicas (en el hígado, riñón), cilíndricas (en el estómago, intestino), esféricas (los óvulos, linfocitos), con ramificaciones (las neuronas), alargadas (las células musculares), biconvexas (los glóbulos rojos de la sangre), etc.

 

Formas celulares. A, esférica (óvulo); B, plana (esófago); C, alargadas (músculo visceral); D, cúbicas (riñón); E, cilíndricas (intestino delgado); F, ramificadas (cerebelo) y G, bicóncavas (eritrocitos).

 

Esto se debe a que la forma de las células está estrechamente relacionada con la función de las mismas. Si la célula tiene la función de protección, lo ideal es que sea plana. Si, en cambio, está preparada para captar y transmitir información, necesitará tener ramificaciones para interconectarse con muchas otras células más.

Es importante señalar además que la forma de las células no sólo está condicionada por la función, sino también por el medio. Por ejemplo en un medio líquido, las células adoptarán una forma redondeada o esférica (células sanguíneas). Si las células se hallan en masas muy compactas, su forma se ve afectada por la presión ejercida por las células vecinas, en consecuencia adoptan una forma poliédrica (células de la piel). En otras ocasiones, sobre todo en aquellas células que tiene la capacidad de la movilidad (glóbulos blancos), la forma no es siempre la misma, sino que se modifica constantemente.

15 de octubre del 2017
Categoría: Para el cole
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