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Leyendas americanas: Relatos para disfrutar

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Las leyendas son antiguas narraciones que, basadas en un hecho real, se transmitieron de generación en generación. Latinoamérica atesora una gran cantidad de estos relatos que forman su patrimonio y te invitamos a compartir algunos de ellos.

 

Nunkui, la creadora de las plantas (leyenda ecuatoriana)

 

 

Hace muchísimos años, los shuar comenzaron a poblar Ecuador y solo podían alimentarse de un único alimento, el unkuch, pues su tierra era muy árida y estaba tan quemada por el sol que no crecía la hierba.

Nuse era una mujer de coraje y su intención era, siempre, buscar alimentos para sus hijos. Cierto día siguió el curso del río hasta quedar exhausta por el calor y el cansancio, y se tumbó en la tierra. Cuando despertó, vio sobre el agua unas rodajas de un alimento desconocido. Lo saboreó y comprobó que era sabroso, dulce y, sobre todo, reanimador. Corrió a socorrer el hambre de sus hijos pero, antes, se encontró a Nunkui, Diosa de la Vegetación, quien le dijo que conocía el hambre de su pueblo y que, gracias a la valentía demostrada, nunca les faltaría el sustento.

Mágicamente, se cubrió todo de ramajes olorosos y paisajes majestuosos. En el pueblo nunca volvieron a pasar hambre y Ecuador se cubrió de suculentas selvas.

 

Cómo un quirquincho consiguió cantar (leyenda boliviana)

 

 

Un entrañable quirquincho viejo era muy aficionado a la música. Le gustaba pasar las horas escuchando y admirando el cantar de las ranas, que se burlaban de él por su incapacidad para el canto. Cierto día apareció una bandada de alegres canarios que lo embelesaron con sus trinos, mientras las ranas morían de envidia por la belleza de estos sonidos.

El quirquincho se acercó a la choza de un mago y le dijo que quería cantar como los canarios, las ranas o los grillos. El hechicero aceptó pero, a cambio, le pidió su vida. Al día siguiente, el quirquincho apareció en el charco de las ranas, entonando las más bellas canciones maravillosamente. Las ranas, envidiosas, fueron tras él, sin darse cuenta de que se había convertido en charango, un instrumento de cuerda fabricado con su caparazón.

 

El colibrí maya (leyenda mexicana)

 

 

Cuando los dioses mayas crearon la tierra, a cada animal le asignaron una tarea determinada. Al terminar, se dieron cuenta de que no había quien transportara las ideas, los pensamientos y los deseos entre unos y otros.

Advirtieron, además, que ya no había ni barro ni maíz, los materiales con los que habían originado el resto de las cosas. Sólo les quedaba una pequeña piedra de jade, que decidieron tallar para crear una pequeña flecha.

Cuando finalizaron, soplaron sobre ella y salió volando. Habían creado, así, un nuevo ser, al que llamaron x’ts’unu’um, que significa “colibrí”.

 

Añañuca (leyenda chilena)

 

 

En tiempos previos a la Independencia de Chile, en la localidad de Monte Patria, vivía Añañuca, una bella joven de la que todos estaban enamorados. Un día llegó al pueblo un hombre que buscaba un tesoro en sus montañas. Al conocer a Añañuca, se enamoraron y decidieron casarse.

La pareja fue feliz durante un tiempo pero, una noche, el joven tuvo un sueño donde un duende le revelaba el lugar en donde se encontraba el tesoro que buscaba. A la mañana siguiente, sin avisarle a nadie, ni siquiera a Añañuca, partió a buscarlo.

Añañuca, desolada, lo esperó, pero pasaron los días, las semanas, los meses y el joven nunca regresó. Se dice que habría sido víctima del espejismo de la pampa o que algún temporal habría causado su desaparición y, presuntamente, su muerte.

Añañuca pronto murió de pena, al haber perdido a su amado. Fue enterrada por los pobladores en pleno valle en un día de suave lluvia.

Al día siguiente, salió el sol y todos los vecinos del pueblo pudieron ver que el lugar donde había sido enterrada la joven estaba cubierto por una abundante capa de flores rojas.

Desde ese momento, se asegura que esta joven se convirtió en flor, como un gesto de amor a su esposo y que, de esta manera permanecerían siempre juntos. Así fue que se le dio a esta flor el nombre de Añañuca, típica de la zona norte de Chile, que crece entre Copiapó (en la región de Atacama) y el valle de Quilimarí (en la región de Coquimbo). Pocos saben que su nombre proviene de esta triste historia de amor.

 

La sirena del río Uruguay (leyenda uruguaya)

 

 

Se dice que la ribera del río Uruguay se encuentra habitada por un mitológico ser que solo ha podido ser observado por algunos pescadores que recorren sus aguas. Ha sido descripto como un anfibio gigante, solitario, con un tamaño más grande que el de un humano, cabello y ojos de color verde parduzco y garras que utiliza para tomar impulso en el agua.

Han visto a este ser en la zona de la ciudad de Salto, ya sea nadando a la distancia, vestida con atuendo de color blanco y turquesa o paseando encima de una barcaza.

Hasta el día de hoy, no se sabe de algún daño que haya causado la sirena del río Uruguay. Algunos pescadores afirman que, cuando una nave transita por el río, ella los va siguiendo desde cierta distancia y, cuando se detienen para poder apreciarla mejor, desaparece rápidamente.

 

El origen del arcoíris (leyenda brasileña)

 

 

Iasá, una hermosa joven de la tribu Cashinahua, y el dios Tupá, formaron una pareja enamorada y feliz y se iban a comprometer. Sin embargo, el demonio Añangá también estaba enamorado de Iasá y, con el fin de impedir esta unión y conseguir su amor, fue a la casa de su madre con el propósito de pedirle su mano ofreciendo, a cambio, todo el alimento que necesitara para el resto de su vida, si esto sucedía. La madre accedió al trato, por lo que Iasá se casaría con Añangá y renunciaría al amor de Tupá.

Iasá le pidió a su futuro esposo que le concediera el deseo de volver a ver a su amado antes de acceder a casarse y vivir en el inframundo. El demonio, desconfiando, aceptó, pero puso una condición, que consistía en hacerle un corte en su brazo con el fin de que la sangre que cayera creara un camino que él pudiera seguir.

Sabiendo esto y con el fin de despistar a Añangá, Tupá intentó, con la ayuda de los dioses del Sol, el Cielo y el Mar crear diferentes trazos de colores amarillo, azul cielo y azul marino que despistaran al demonio para que perdiera el rastro de Iasá. La mujer, durante el camino, perdió fuerzas y sangre, hasta el punto de caer al suelo y morir en la playa, no pudiendo llegar a reencontrarse con su amado.

La mezcla de su sangre y el polvo de la arena que surgió de su choque contra el suelo fueron formando trazos naranja, violeta y verde, y el conjunto de todos estos rastros formó el primer arcoíris.

 

Las cinco águilas blancas (leyenda venezolana)

 

 

Caribay era hija del Sol y de la Luna. En una ocasión, vio volar por el cielo a cinco águilas blancas y se enamoró de sus plumas. Se fue tras ellas atravesando valles y montañas. En una de las montañas, muy alta y escarpada, vio cómo las águilas se perdían en las alturas. Invocó a la Luna y volvió a verlas, y éstas descendieron y se quedaron inmóviles. Caribay se acercó para quitarles algunas plumas para adornarse, pero un repentino frío glacial entumeció sus manos y las águilas se congelaron, convirtiéndose en cinco masas enormes de hielo.

Caribay huyó aterrorizada. Las águilas despertaron y sacudieron sus alas, quedándose toda la montaña cubierta con su blanco plumaje. Esta leyenda simboliza los cinco picos de nieves eternas que se pueden ver desde la ciudad de Mérida, en los Andes venezolanos, donde se dice que el viento es el canto triste y dulce de la hermosa Caribay.

 

Cómo nació el río Orinoco (leyenda colombiana)

 

 

El dios Wanadi creó a los hombres, las plantas y los animales. En el principio de todos los tiempos, sólo existía un río en la Tierra. Los yekuana eran los únicos habitantes de la Tierra pero se morían de sed porque no existía más agua que la del único río, cuyo cauce se ubicaba demasiado lejos del poblado.

Decidieron enviar a Kashishi, la hormiga divina del cielo, en busca de agua, quien viajó durante varios días. Mientras en el pueblo la esperaban, todos morían deshidratados.

Después de varias jornadas, la hormiga llegó al agua. Era un río tan grande que tenía olas como el mar. Cuando regresó, les indicó a todos el único camino donde podrían encontrarlo. Los hombres ya no morían de sed pero el agua estaba muy lejos de donde vivían. El brujo de la tribu invocó a Wanadi y éste se compadeció de sus esfuerzos trazando, con dos dedos de su mano derecha, un gran surco de este a oeste, formando el río Orinoco y sus afluentes. Según se dice, el Orinoco es un surco del dedo de Wanadi.

18 de enero del 2020
Categoría: Para el cole
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