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Leyendas latinoamericanas: Un patrimonio con identidad

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Las leyendas se caracterizan por ser anónimas, transmitirse oralmente y tener distintas versiones. Te presentamos relatos que han permanecido en el tiempo y son un valioso legado de culturas americanas.

 

El Jichi | Bolivia

 

 

Los pueblos originarios chiquitano, mojo y chané creían en un guardián que adoptaba varias formas. Unos decían que era un sapo y, otros, un tigre, aunque la manifestación más común era en forma de serpiente. Su nombre, el Jichi.

En su forma reptil tenía apariencia de media culebra y medio saurio, con cuerpo delgado, oblongo y chato y, tan transparente, que se confundía con las aguas donde vivía. Su cola larga, estrecha y flexible ayudaba los ágiles movimientos de sus cortas extremidades terminadas en uñas unidas por membranas.

El Jichi resguardaba las aguas de la vida y, por ello, le gustaba esconderse en ríos, lagos y pozos, todo lugar donde se pudiera beber rica y fresca agua. Los tres pueblos se aseguraban, siempre, rendirle el adecuado tributo, sabiendo que no había que estropear su medio arrancando las plantas acuáticas que decoraban su morada. Molestar a este guardián del agua significaba jugarse los cultivos, la pesca y la supervivencia de los pueblos. Cuando se malgastaba, ponía de muy mal humor al Jichi, que huía de aquellos que hacían un mal uso de ella y, al irse, el agua, también se iba con él, dejando una fulminante sequía.

Estos pueblos originarios entendían que el agua era un recurso que siempre se debía proteger, ya que la defendían como  un elemento fundamental para sus vidas.

 

Leyenda del pehuén | Chile

 

 

Hace mucho tiempo, el pueblo pehuenche vivía cerca de los bosques de pehuenes o araucarias, cuyo fruto es el piñón. Se reunían para rezar y colgar regalos en sus ramas pero no cosechaban los piñones, pensando que eran venenosos y no se podían comer.

Un año, el invierno fue muy crudo y duró mucho tiempo. La gente no tenía qué comer y todo estaba completamente cubierto de nieve. Muchos niños y ancianos estaban muriendo y rezaban a Nguenechen, el Dios creador, pero creían que no escuchaba sus plegarias.

El Lonko, o jefe de la comunidad, decidió que los jóvenes salieran en busca de alimento por las regiones vecinas. Un día, uno de los muchachos regresaba hambriento, muerto de frío, con las manos vacías, y muy triste. De repente, un anciano desconocido se le acercó. Caminaron juntos un buen rato y el muchacho le habló de su tribu y de lo mucho que sufrían por el hambre. El anciano lo miró con extrañeza y le preguntó:

- ¿No son suficientemente buenos, para ustedes, los piñones? Cuando caen del pehuén ya están maduros y, con una sola piña, se alimenta una familia entera.

El muchacho le contestó que siempre habían creído que eran venenosos y que no se podían comer. El anciano le explicó que era necesario cocerlos en mucha agua o tostarlos al fuego y, luego, se alejó.

El muchacho siguió caminando y, cuando llegó al bosque, buscó bajo los árboles y guardó en su manto todos los piñones que encontró. Los llevó ante el Lonko y le contó las instrucciones recibidas. El jefe escuchó atentamente al joven, se quedó un rato en silencio y, luego, dijo:

- Ese anciano debe ser Nguenechen, que vino, otra vez, para salvarnos.

La comunidad entera participó de los preparativos de la comida. Muchos salieron a buscar más piñones, se acarreó el agua y se encendió el fuego. Después tostaron, hirvieron y comieron los piñones que habían recogido y fue una fiesta inolvidable.

Se dice que, desde ese día, los mapuches nunca más pasaron hambre, viven junto al pehuén y se llaman, a sí mismos, pehuenches.

 

Guaraira Repano | Venezuela

 

 

En tiempos antiguos, la montaña hoy conocida como el Ávila no existía y los pueblos del valle de Caracas podían ver hasta el mar. Con el paso del tiempo, los actos de los ciudadanos del valle respecto de los espíritus de la naturaleza ofendieron a la diosa del mar quien, furiosa, convocó una gran ola que devoraba y destruía todo a su paso, y la lanzó contra la tierra. Todos los ciudadanos estaban aterrados y se arrodillaron e imploraron perdón.

Cuando levantaron la vista vieron que la gran ola que empezaba a descender sobre ellos se había transformado en piedra. La diosa se había compadecido de sus súplicas y había transformado el agua en el Ávila, antiguamente conocida como Guaraira Repano (“la ola que vino de lejos”)”.

Esta leyenda narra cómo se formó la montaña en cuyo valle se encuentra Caracas, la capital de Venezuela, un recordatorio de la necesidad de respetar la naturaleza.

 

Leyenda del Hojarasquín | Colombia

 

 

Cuentan los viejos campesinos que, en los bosques y montes, hay una misteriosa figura que aparece. Algunos la describen como un cuerpo antropomorfo repleto de musgo y hojas secas que se entremezcla con flores silvestres y otra vegetación.

A veces, aparece como un tronco de árbol seco o con apariencia de monstruo, mitad asno y mitad hombre, y se levanta cuando alguien se le acerca.

El Hojarasquín aparece cuando las personas intervienen en la naturaleza dañándola en la tala de bosques o en incendios. Esta figura despista a los transeúntes del bosque pero, también, ayuda a encontrar una salida a aquellos que se pierden en él.

Los bosques son lugares que siempre han despertado un gran misterio para la humanidad. Esta leyenda, extendida en los Andes colombianos, se centra en un ser cuya finalidad es proteger, a la naturaleza, de las acciones humanas que la ponen en peligro.

 

Leyenda del Río Amazonas | Brasil

 

 

En un tiempo en que los animales aún no podían hablar, el Sol y la Luna se enamoraron. Sin embargo, ambos fueron conscientes de que su amor era imposible, ya que su cercanía provocaba la destrucción del otro. Mientras la Luna apagaba al Sol, éste la derretía.

Y no solo eso. Su unión provocaría inundaciones que terminarían con la Tierra y haría que, finalmente, decidieran separarse, algo que provocó, durante días, el llanto desconsolado de la Luna.

Sus lágrimas llegaron al planeta, pero el hecho de que fueran de agua dulce produjo el rechazo del mar. Por ello, se transformaron en el Amazonas, un gigantesco río, el más largo y caudaloso del mundo y una fuente importante de agua y vida para los territorios por los cuales pasa.

 

Leyenda de la flor de cempasúchil | México

 

 

Hace mucho tiempo existieron una niña llamada Xóchitl y un niño llamado Huitzilin. Ambos crecieron juntos y, cuando fueron jóvenes, se enamoraron. Un día, decidieron subir a lo alto de una colina, allí donde el sol deslumbraba con fuerza, pues sabían que allí moraba el Dios del Sol. Su intención era pedirle a Tonatiuh que les diera la bendición para poder seguir unidos. El Dios sol aceptó y bendijo su amor.

Pronto, la tragedia llegó a ellos cuando Huitzilin fue enviado a participar en una batalla para defender a su pueblo y tuvo que separarse de Xóchitl.

Pasó un tiempo y Xóchitl se enteró de que su amado había muerto en el conflicto. La muchacha sintió tanto dolor que le pidió a Tonatiuh unirse con su amado en la eternidad. El Dios del Sol, al ver a la joven tan apenada, lanzó un rayo dorado sobre ella y la convirtió en una hermosa flor que permaneció cerrada durante mucho tiempo.

Un día apareció un colibrí, atraído por el aroma de la flor, y se posó sobre sus hojas. Fue entonces que la flor se abrió y mostró su color amarillo, como el mismo sol. La flor había reconocido a su amado Huitzilin quien, ahora, tenía forma de colibrí.

Cuenta la leyenda que, mientras exista la flor de cempasúchil y haya colibríes, el amor de Xóchitl y Huitzilin vivirá por siempre. En el Día de Muertos, en México, esta flor, cuyo nombre significa “flor de veinte pétalos”, es todo un símbolo de la ofrenda de este día tan importante, ya que el olor de sus pétalos marca el camino que tienen que recorrer las almas de los difuntos hacia su ofrenda en el mundo de los vivos.

 

Leyenda del churrinche | Uruguay

 

 

Tras un sangriento combate entre tribus, sus miembros decidieron refugiarse cerca de las orillas del río para recobrar fuerzas y curar sus heridas. Sin embargo, su cacique no pudo sobrevivir y, antes de morir, temiendo el destino que le esperaba en manos de sus enemigos, se sacó el corazón. Éste se convirtió en un ave de un maravilloso rojo fuego, el churrinche, que tiene el tamaño de un gorrión y se puede ver en primavera.

 

La princesa triste de Santa Ana | Ecuador

 

 

Hace mucho tiempo, donde hoy se sitúa la ciudad de Guayaquil y el Cerro de Santa Ana, vivió un rey inca que tenía una hermosa hija y que, un día, enfermó repentinamente.

El rey solicitó la ayuda de brujos y curanderos pero ninguno pudo sanarla. En cambio, cuando parecía que no había esperanzas, apareció un hombre que decía tener la cura para la muchacha. El hechicero le dijo al rey:

- Si quieres salvar la vida de tu hija, deberás renunciar a todas tus riquezas.

El rey se negó y echó al brujo. Después de su muerte, una maldición cayó sobre el reino donde se impuso la oscuridad. Desde entonces, cada cien años, la princesa tenía la oportunidad de devolver la luz a su reino, pero nunca lo lograba.

Siglos después, un expedicionario que escaló el cerro se encontró con la muchacha. Esta le dio, como opciones, tomar la ciudad llena de oro o elegirla, a ella, como esposa. El conquistador eligió quedarse con la ciudad de oro y la princesa, muy enojada, le lanzó una maldición. El joven, asustado, le rezó a la Virgen de Santa Ana para que lo protegiera. Cuenta la leyenda que, por este motivo, el Cerro de Santa Ana, sobre el que se fundó la ciudad de Guayaquil, fue denominado así.

 

Leyenda de la Piedra Movediza de Tandil | Argentina

 

 

En tiempos muy lejanos, los habitantes del Sistema de Tandilia creían que el Sol y la Luna habían creado la Tierra y, más tarde, al hombre. Desde entonces, el Sol y la Luna eran adorados como dioses.

Un día, los pobladores notaron que el Sol se iba apagando y, apenas, daba luz. Pronto, observaron que, en el firmamento, había un puma que, celoso por la adoración que los hombres mostraban a su dios, lo estaba apresando. Al enterarse de esta situación, los pobladores se alertaron y prepararon flechas que lanzaron, sin cesar, al cielo. Finalmente, una flecha alcanzó al puma, que se desplomó al suelo, agonizando. La Luna quiso aminorar su dolor y le arrojó piedras para cubrirlo. De esta manera, se formaron las Sierras del Tandil y el Sol volvió a recuperar su brillo.

Dice la leyenda que, en la punta de la flecha que traspasó el cuerpo del puma, cayó una enorme piedra de granito que se posó por años, en equilibrio, en lo alto del cerro. Desde entonces, cada vez que salía el Sol, el puma se enojaba tanto que la piedra se movía.

La Piedra Movediza de Tandil fue una roca de granito de unas 300 toneladas que tuvo la particularidad de que logró mantenerse en equilibrio, al borde de un cerro, hasta su caída definitiva, en 1912. La piedra original se encuentra en la base del cerro, partida en tres grandes pedazos y, desde 2007, existe una réplica ubicada en el mismo lugar y que es el mayor símbolo de la ciudad bonaerense de Tandil.

 

La barquita misteriosa | Perú

 

 

Cuenta la leyenda que las personas que se dedicaban a la pesca nocturna en la caleta de Cabo Blanco, en Piura, misteriosamente, nunca volvían de su trabajo. Lo que sí regresaba, después de varios días, era su barca solitaria, bajo la corriente de las mismas olas.

Dicen que la desaparición de los pescadores es producto de un encanto y que, en Semana Santa, se aparece un barquito luminoso, a medianoche, que provoca miedo y paraliza a quien lo observa mientras desaparece, lentamente, al adentrarse en la caleta.

28 de enero del 2023
Categoría: Para el cole
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