BUSCAR
Síguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en YouTubeSíguenos en Instagram

Modales

Comparte en FacebookComparte en TwitterEnviar por WhatsApp

Los modales de todo el mundo serían impecables si tan sólo se tuviera en cuenta el amor y, en consecuencia, el respeto

La pérdida de los modales

Hay millones de personas que todavía manifiestan buenos modales, pero también hay millones que los pisotean.

A finales del siglo XIX y principios del XX, los miembros de las altas capas de la sociedad consideraban que la observancia de las exigencias de etiqueta más triviales era al mismo tiempo una diversión y, para las mujeres, una ocupación.

Se inventaron rituales cada vez más elaborados a fin de crear un sentido de exclusividad para los neófitos y de mantener alejados a los indignos, que los desconocían.

¡Qué diferente es esto de lo que deben ser los buenos modales! Los modales de todo el mundo serían impecables si tan sólo se tuviera en cuenta el amor y, en consecuencia, el respeto. El lugar donde hay que empezar a enseñar y aprender tales modales es el hogar. La familia es como una delicada máquina cuyas piezas están en estrecho contacto unas con otras. Para mantenerla funcionando con suavidad, es imprescindible lubricarla bien. Saber ser  atento, cortés, agradable y educado es un factor importante para la felicidad en el hogar. Aprender a utilizar las expresiones aceptadas y cotidianas de  cortesía y consideración -tales como “gracias”, “por favor”, “lo siento”- contribuirá en buena medida a eliminar fricciones perjudiciales en nuestro trato con los demás. Aunque breves, están cargadas de significado. Todo el mundo puede utilizarlas como es debido. No cuestan nada, pero con ellas conseguimos amigos. Si manifestamos buenos modales a diario en nuestro hogar, no los olvidaremos cuando salgamos del círculo familiar y nos mezclemos con otras personas.

Los buenos modales incluyen ser considerados con los sentimientos ajenos, respetarlos y tratarlos como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. No obstante, muchos reconocen que los modales se está perdiendo. Una escritora dijo: “Nos falta cortesía porque domina el individualismo”.

Hoy día muchos creen que “cortés” significa “débil”, y que poner a otros en primer lugar denota pusilanimidad. ¿No fue la actitud de yo primero, que empezó a generalizarse en la década de los setenta, lo que nos inició en el actual modo de vivir egoísta?

Cierto periódico de una ciudad importante dijo: “El problema ha llegado hasta el punto de que el concepto común de buenos modales ya ha dejado de ser común”.

En muchos casos se observa que los niños de tan sólo 5 años de edad son cada vez más agresivos, no respetan la propiedad de otros niños ni a los adultos y usan lenguaje obsceno. La mayoría de los maestros entrevistados opinan que la causa fundamental de que la conducta antisocial se haya extendido tanto es que los padres miman en exceso a sus hijos.

El 82% culpa a los padres de no poner un buen ejemplo. La directora de una escuela primaria dijo: “Me preocupa la falta de respeto que se observa hoy día en los niños. Parece que no les importa humillar a sus compañeros u ofender a los adultos. […] Manifiestan su falta de respeto de muchas maneras: con ademanes ofensivos, diciendo obscenidades, negándose a obedecer órdenes sencillas […] Los niños de algunas familias tienden a respetar a los demás, tratan a otros con respeto, esperan su turno mientras otros empujan […]. Se percibe si a los niños se les ha inculcado respeto o no”.

El director de otra escuela primaria, con muchos años de experiencia, añade: “Cada vez vemos más casos de verdadera maldad. Cuando salen al patio, los niños ya no juegan como antes; deambulan en pandillas. Enseguida identifican a los débiles, los marginados, los que no llevan el calzado deportivo o los pantalones vaqueros que a ellos les gustan. Van tras ellos y se mofan; van con mala intención. Hemos tratado de impedirlo, pero no hemos conseguido mucho”.

“Muchas personas conducen con increíble descortesía”, dice el profesor Jonathan Freedman, de la Universidad de Columbia. carreteras casi se han convertido en un campo de batalla”. El Monthly Letter del Royal Bank de Canadá habla de “las incesantes carnicerías que se producen en las carreteras”, y saca en conclusión que “la raíz del problema está en la falta de civismo. Es vergonzoso que no haya cortesía, consideración, autodominio, tolerancia y respeto a los derechos humanos, factores que contribuyen a constituir la civilización”.

The New York Times describe las calles de Nueva York de la siguiente manera: “Automovilistas contra ambulancias”. Cada vez más automovilistas de esa ciudad rehúsan ceder el paso a los vehículos de emergencia (como ambulancias y coches de bomberos), con lo que aumenta el peligro de que alguien que esté gravemente enfermo o herido muera, porque no se puede llegar a donde está o no es posible trasladarlo a un hospital a tiempo.

La televisión enseña cómo viste la gente, cómo habla, cómo maneja las relaciones humanas, cómo utiliza siempre la violencia para resolver los problemas. Si nosotros y nuestros hijos vemos habitualmente programas superficiales y de ficción, con el tiempo nuestros modales reflejarán el descaro, la falta de respeto y el sarcasmo de sus personajes. Tales programas suelen representar a los padres como personas simplonas, mientras que los hijos son los inteligentes.

El mundo encuentra satisfacción en interrumpir a otros fanfarroneando a voz en cuello y con autoritarismo; se enorgullece de ser dominante y alborotador, de asumir un aire de superioridad, de provocar y desafiar. Tiempo atrás, la comunidad desaprobaba el comportamiento grosero, y quien actuaba así era mal visto. Pero en la sociedad actual se puede ser grosero sin quedar estigmatizado. Y si alguien se queja, puede sufrir agresiones, verbales o hasta físicas. Algunos jóvenes arman alboroto, dicen palabrotas y hacen ademanes obscenos cuando van en grupo, ofendiendo con sus groserías a los que están a su alrededor, y lo hacen deliberadamente para atraer la atención a su rebeldía desafiante y escandalizar a los adultos con su descarado despliegue de grosería. Sin embargo, como alguien dijo, “el débil recurre a la grosería para hacerse el fuerte”.

Son muchas las leyes que los hombres han compilado para controlar la conducta, pero no han proporcionado la guía que el hombre necesita. ¿Se requieren más leyes aún? Se ha dicho que cuanto mejor es una sociedad, menos leyes necesita.

¿Será éste el momento de plantearnos que con sólo cumplir con los principios de respeto por el otro no nos harían falta tantas otras leyes?

21 de mayo del 2017
Categoría: Enciclotin
Comparte en FacebookComparte en TwitterEnviar por WhatsApp
Seguime en Facebook

Últimos Saludos

Giovanni

Hola soy giovanni te ...ver mas

Máximo - Giovanni

Hola, somos Máximo ...ver mas

Abertinita

Hola soy abi !! Teng ...ver mas

gabi

hola amigos muchas g ...ver mas