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12 de Octubre: Día del Respeto a la Diversidad Cultural

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Desde 2010, el objetivo de esta conmemoración es promover el diálogo intercultural y la reflexión histórica acerca de los derechos de los pueblos originarios.

 

¿Qué es la Diversidad Cultural?

 

Según la Unesco, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos y se manifiesta en el lenguaje, en las creencias religiosas, en las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos, en la dieta y en todo otro atributo de la sociedad humana.

 

 

La Constitución Nacional consagra el derecho a la igualdad en sus artículos 16 y 75, inciso 23 mientras que el artículo 75, inciso 17, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.

El artículo 75, inciso 22, otorga jerarquía constitucional a los instrumentos internacionales de derechos humanos allí enumerados, los cuales, a su vez, consagran, en más de una oportunidad, el mencionado principio de igualdad y no discriminación.

De acuerdo con la lista actualizada al 30 de mayo de 2022 que el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) publicó, en su sitio web, existen, con personería jurídica o con trámite de relevamiento catastral, 1790 comunidades indígenas en Argentina.

 

Organización social

 

Los pueblos que habitaban la Argentina antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización social, económica y política. Pueden clasificarse entre: superiores, los que practicaban una agricultura muy simple o incipiente y los que eran nómadas y que vivían solamente de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos.

 

Superiores

 

Practicaban una agricultura muy desarrollada (variaban los cultivos y utilizaban técnicas de riego). Habitaron el noroeste y el centro del país, eran sedentarios y perfeccionaron el sistema de cultivo mediante el riego. También domesticaron la llama (utilizaron su leche, su carne y su cuero), y cazaron guanacos y vicuñas. Entre los pueblos que practicaban una agricultura más compleja se encuentran los diaguitas, los omaguacas, los atacamas, los comechingones y los huarpes.

 

Pinturas de los comechingones y artesanías huarpes

 

Los huarpes vestían una manta confeccionada en lana o fibra vegetal que, sujeta a la cintura, envolvía el extremo inferior del tronco hasta la altura de las rodillas. A esta manta agregaban una faja de, aproximadamente, 15 centímetros de ancho. Sobre los hombros y, sujeta sobre el pecho con una espina, usaban otra manta más pequeña. Con la conquista incaica adoptaron prendas de algodón y la “camiseta” andina. La vestimenta se completaba con adornos de plumas. Tanto hombres como mujeres usaban el cabello largo.

 

Artesanías diaguitas

 

Los que practicaban una agricultura muy simple o incipiente

 

Integraban distintas tribus que habitaban a orillas del río Paraná y eran pueblos sedentarios. Practicaban sencillos cultivos y, también, eran cazadores y pescadores. Entre los pueblos que practicaban una agricultura más sencilla encontramos a los guaraníes, los chanaes timbúes y los charrúas.

 

Guaraníes de Misiones y vida cotidiana de los charrúas

 

Los que eran nómadas y que vivían solamente de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos

 

Estos grupos aprovechaban los recursos del medio. Eran nómadas y sus viviendas eran transportables, pues debían desplazarse constantemente en busca de sus presas. Estos grupos de cazadores recolectores habitaron en las planicies de la Argentina (los querandíes), el Chaco (los guaycurúes) y la Patagonia (los tehuelches, onas y yámanas).

 

Querandí, en guaraní, significa “hombre con grasa” debido a que se recubrían con grasa de los animales que cazaban como una forma de combatir el frío. Además, usaban las pieles para vestimenta y construcción de sus tiendas por lo que despedían un olor característico que los diferenciaba de los guaraníes, de hábitos más vegetarianos.

 

Hábitat

 

Las primeras tribus de cazadores de origen asiático llegaron a América a través del Estrecho de Bering hace unos 30 mil años aproximadamente, en tanto que su arribo al actual territorio argentino se considera producto de migraciones internas ocurridas hace, aproximadamente, 18 mil años. Estos pueblos se asentaron, básicamente, en diferentes hábitats como la montaña, la llanura, el extremo Sur y los canales fueguinos.

 

Montaña

 

Imagen de la Cultura de La Aguada (Año 650 a 950/1000 después de Cristo) y pinturas rupestres del cerro Inti Huasi (Córdoba).

 

Los testimonios más antiguos con que se cuenta son los rastros de núcleos poblacionales que datan de hace 8 mil años en Ayamapatín (Córdoba) e Inti Huasi (San Luis). Vestigios hay también de otra cultura antigua en Tafí (Tucumán) y la civilización de La Aguada (territorio comprendido por San Juan, La Rioja y Catamarca).

 

Llanura

 

Imagen del cacique Pucurú, en Chaco (imagen del año 1900).

 

En Tandil (Buenos Aires) se registra la presencia de un núcleo poblacional y en el Litoral, iguales vestigios dan cuenta de la llamada Cultura del Alto Paraná desde hace, aproximadamente seis mil años de antigüedad.

 

Extremo sur y los canales fueguinos

 

Los selk’nam, también conocidos con el nombre de onas, fueron uno los cuatro primeros pueblos originarios de Tierra del Fuego, junto a los alacaluf, los yámana y los haush. Considerados una amenaza, fueron víctimas de extinciones masivas de los colonizadores.

 

Se considera la llegada de los primeros hombres hace seis mil años, los que habitaban en viviendas circulares semienterradas, vivían de la caza y la pesca, empleaban botes y arpones para la caza de mamíferos marinos y recolectaban moluscos.

 

Una bandera diversa

 

 

La bandera de los pueblos originarios tiene los colores del arco iris y cada color representa a los diferentes aspectos de sus vidas: al planeta Tierra (el rojo), a la sociedad y la cultura (el naranja), a la energía y la fuerza (el amarillo), al tiempo (el blanco), al espacio cósmico y lo infinito (el azul) y a la ideología y la política (el violeta).

 

Las leyendas, historias para conocer a los pueblos originarios

 

 

Estos relatos documentan su identidad cultural y permiten que aquellas culturas combatidas por los colonizadores españoles permanezcan en el imaginario colectivo como testimonio de su existencia. En su mayoría, las leyendas de los pueblos guaraníes, tobas, quechuas, mapuches, diaguitas, comechingones, tehuelches y onas expresan las cosmovisiones que perduran en el universo simbólico de nuestra historia y refieren la forma de vida de estas comunidades, incluyendo descripciones del medioambiente, retratos de los personajes y sus comportamientos. Algunos relatos incorporan elementos europeos como prueba de la influencia de la conquista española.

También, en estas historias se evidencia la inclusión de divinidades como la Pachamama y se mencionan animales como el caballo, incorporados a la vida de estos pueblos a partir de la llegada de los españoles. Conocer estos relatos no sólo permite adentrarnos a las distintas geografías regionales que habitaron estas comunidades sino, además, acercarnos al folklore de nuestro país y a su diversidad cultural.

 

Arabela, el águila

(Leyenda del pueblo comechingón)

 

 

Cuenta la historia que cuando se instalaron los españoles en América y la sangre aborigen comenzó a correr por los valles y tiñó de rojo los ríos y arroyos que serpenteaban entre las tierras, los comechingones recordaron la leyenda del águila que habían escuchado de sus abuelos y la volvieron a contar porque era casi su única esperanza. Algún elegido vendría por el ave a traer la paz, para, por fin, lograr la hermandad entre los pueblos.

Se dice que existió una chica de nombre Arabela que poseía cualidades extraordinarias y que, convertida en mujer, las desarrolló en defensa de su tribu. Con su sabiduría y fina percepción guío las batallas, y logró, de esa manera, que resistieran más allá de la posibilidad humana. Nadie podía negar la valentía con la que lucharon los comechingones, cuyo grito de guerra resultó conocido y temido por los adversarios.

Arabela, la enviada, murió luchando por su pueblo, pero su alma se encuentra protegida por el vuelo triunfal del águila libre. Por eso, desde entonces, este pájaro representa no sólo la libertad sino, también, el deseo divino de hermandad entre los hombres, anhelo que vivirá hasta que todos entiendan que es el único camino hacia la felicidad.

Lautaro Parodi, en Leyendas indígenas de la Argentina

08 de octubre del 2022
Categoría: Para el cole
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